Hombres: Dinocrates, Omar, Enrique, Edwin (Vázquez), , Héctor Lanuza, Carlos Benavides, , Fëlix Pérez, Carlos Hernández, Armando Balcáceres (q.e.p.d.), Alí Vanegas, Erick Quintana, Edwar,
Cuando llegué a la secundaria nunca imaginé que el destino me tenía preparado un mundo lleno de sorpresas, sin importar las que fueran, fue precisamente el fracaso el que me enseñó el camino, incierto al inicio, pero un camino al fin y al cabo ligado al arte, a la tradición y la magia.
Mujeres: Alicia, María José, Anielka Carrillo, Karla Pérez, Edda Silva, Ellieth Granados, Xochilth, Ninoska, Katherin Munguía, Adriana, Karla, Ileana, Esther y por supuesto la Prof. Rosalpina Vázquez.
Cuando llegué a la secundaria nunca imaginé que el destino me tenía preparado un mundo lleno de sorpresas, sin importar las que fueran, fue precisamente el fracaso el que me enseñó el camino, incierto al inicio, pero un camino al fin y al cabo ligado al arte, a la tradición y la magia.
Recuerdo que llegábamos a los segundos exámenes bimensuales, en este punto me encontraba con la cruz de la asignatura de matemáticas, me pesaba más cada vez que imaginaba los azotes de una madre frustrada, una madre que daba el lomo, a como ella decía, para que yo estudiara y sin embargo le correspondía reprobando dichosa asignatura; de pronto como por "arte de magia" en la figura de la maestra apareció el Cirineo, mejor dicho la Cirinea Judith Paredes quien me ayudaría a llevar la cruz, no sin antes hacer un compromiso sagrado que sellaría para siempre mi amor por la danza, podría ganarme los diez puntos necesarios para pasar la asignatura solo sí o sí, a como ella decía, me integraba al grupo de danza del colegio, por supuesto desprovisto de elementos masculinos necesarios para darle armonía a aquel grupo compuesto en su mayoría por mujeres. En un futuro no muy lejano cargaríamos con la nueva cruz de la discriminación por el hecho de bailar. Nos convertiríamos en maricones, cochones y no se cuantos apelativos más para designar a unos humildes principiantes de la danza folclórica.
En una tarde soleada y al lado de otros compañeros/as conocí a quien se convertiría en mi primera maestra de danza, Doña "Rosalpina Vázquez", recuerdo claramente que nos reunimos en el corredor que nos llevaba hacia las aulas de primaria, luego se asignó la sala que pertenecía a los preescolares y por último estuvimos en un salón cerca de la Carpintería, ahí mirábamos de vez en cuando a Don Hermógenes cortando y modelando los repuestos de las centenarias reglas machimbradas que como piezas de rompecabezas formaban los cielos rasos y los pisos del colegio.
Unos días bastaron para dar nuestros primeros pasos. ¡Marchado! repetía la maestra, ¡Sencillo!, ¡zapateado!, nosotros seguíamos el ritmo como marionetas enclenques que poco a poco alcanzarían algo de plasticidad para arriesgarnos a salir en Público, no pude participar del estreno de la primera coreografía, término que no alcanzábamos a entender y mucho menos pronunciar, el destino así lo quiso, la bailé unos meses después en el colegio La Salle, no recuerdo ya las sensaciones, solo sé que iba más perdido que un perro en procesión como reza un viejo refrán.
Son algunas caras las que recuerdo de aquellos primeros días, que nos llenaban de entusiasmo y de ganas de vernos en una nueva clase, puedo mencionar entre mis compañeros a Erick Quintana a quien los cachetes se le llenaban de rubor cada vez que sonreía, a Alí Vanegas el compañero con el pasé muchas horas de mi vida hablando, riendo, soñando y discutiendo; Fresia quien no se dejaba de nadie, se agarraba de golpes con cualquiera que quisiera faltarle al respeto, Karla Pérez la chavalita bonita del grupo, Los hermanos Vázquez con más talento que el resto de lo iniciados por haber mamado desde sus primeros años música, danza y tradición, Adriana una chavala que meses después sería la imagen de mis sueños que nunca aceptó ser mi novia y Armando Balcáceres a quien la vida le regalo menos tiempo que a los demás y que ahora sigue bailando en la eternidad de las galaxias.
Aquellos primeros días estuvieron llenos de tropiezos y las piedras las encontré en la puerta de mi casa, el vendaval de la adversidad soplaba desde la puerta y me derrumbaron una y otra vez, aún así no me detuvo la incansable violencia que aterrorizaba las entrañas del hogar por que encontraba en los amigos y el baile el nido que sanaba mis pensamientos al menos en ese momento, aunque el resto del tiempo caminaba perdido entre risas y gritos, entre danzas y golpes. Estoy completamente seguro que la vida a sido justa conmigo y me regaló en el momento apropiado la danza para homenajearla día a día.
El inicio a sido difícil y el futuro aún no lo sé.

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